lunes, 9 de marzo de 2009

COLUMNA 40

COLUMNA
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Hoy me publican esta columna, sobre educación y política.
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Aula y política
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Hace días que diversos medios se hicieron eco de un pequeño incidente ocurrido en un instituto de Santander en el que una profesora pidió a varios de sus alumnos que no entraran al aula con el pañuelo palestino, ya que según ella «los símbolos políticos deben quedarse en la puerta de clase».
Este suceso me hizo reflexionar sobre la presencia de la política en nuestras vidas en el sentido de que si aplicamos, mediante una sencilla regla de tres, su razonamiento a otros símbolos ¿por qué no impedir el acceso a clase del alumnado que lleve ropa con el símbolo de Nike? Tengamos en cuenta a aquellos a los que pueda ofender la supuesta contratación por parte de Nike de mano de obra infantil o las presuntas acusaciones de explotación laboral. Claro que hay más ejemplos. Las discotecas y las aulas están llenas de símbolos mediáticos que de una forma u otra constituyen no una cultura sino la imposición de un sistema de valores camuflado como libertades que se ejercen en ámbitos concretos.
Lo que ocurre es que hay una política que es la política del poder; una política mayoritaria que pasa desapercibida pero que está presente en nuestra vida cotidiana, en particular, en nuestras aulas.
La profesora adujo en una entrevista: «Sólo intento que dejen la política en la puerta de clase y los alumnos vengan aquí a educarse, a aprender» Creo que la política no puede meterse y sacarse del aula como si fuera una mesa. Todo lo que se haga o no se haga en el aula es política: separar o no en diferentes aulas a niños y niñas, el modo de sentarlos, la manera de resolver un problema, el uso del Mapa de Peters en vez del de Mercator, el utilizar unas palabras en vez de otras e incluso el modo de mirarles a los ojos. Otra cosa es que prefiramos dejar fuera del aula un tipo de política y dentro otro.
Todo está lleno de política y es imposible educar y aprender sin ésta, por mucho que se quiera reducir lo político al mero posicionamiento partidista, cosa que los mass media están logrando.
Alba, Adán y Andrea, os felicito porque habéis conseguido nuestro objetivo: remover las conciencias. Os invito a que sigáis vistiendo como os de la gana y también a que huyáis de las modas. Además de la kufiyya os animo, por ejemplo, a que acudáis al instituto con la darra y la melhfa saharauis, el manto tibetano o la niqab suní. Desviar la vestimenta es una de las más divertidas formas de hacer política.

2 comentarios:

Laura dijo...

Hola Vicente.
Me ha gustado tu artículo, en particular la idea de la subversión a través de la vestimenta, pero quería decirte algunas cosillas sobre "la niqab suní". Por un lado, que no es la niqab, sino el niqab. Por otro, que decir "niqab suní" es algo así como decir "bikini asturiano": ni todas las asturianas llevan bikini, ni el bikini se inventó en Asturias, y probablemente Asturias no sea la comunidad autónoma con más bikinis por habitante. En la actualidad, el niqab lo visten las mujeres suníes y las chiíes, y es una prenda que se ha extendido desde algunas comunidades musulmanas del Golfo Pérsico -particularmente, Arabia Saudí- a otras comunidades musulmanas de todo el mundo, principalmente a través de la expansión del Salafismo y del Wahabismo, que son movimientos religiosos ortodoxos/radicales islámicos. En la literatura jurídica suní existen debates muy amplios sobre la pertinencia del niqab, y la mayor parte de las fuentes jurídicas pertenecientes a esta escuela lo rechazan o no lo prescriben. La misma palabra se usa para designar distintas formas de cubrir el rostro y el cuello de las mujeres a excepción de los ojos, pero no sólo el rostro: también los brazos y las piernas hasta la muñeca y los tobillos. Esto tampoco quiere decir que todas las mujeres que llevan niqab sean salafistas o wahabitas, ya que el niqab puede ser una opción personal o una imposición del entorno sin que necesariamente exista en el invididuo que opta por vestirlo o en el que presiona para que otro lo vista una adscripción religiosa de tal tipo. Es interesante tu artículo, por tu reflexión y por lo ilustrativo del caso de la profesora santanderina: autoridad, intolerancia y coerción de la libertad individual de los menores. Es una gran educadora.

Una de tus lectoras.

Vicente Gutiérrez-Escudero dijo...

Hola Laura

Sé todo lo que comentas sobre el niqab, pero creo que o no me expliqué bien o no me entendiste bien... hablas del bikini asturiano... ¡es que eso es precisamente lo que quise transmitir!; con lo de niqab suní quise aportar una opción absurda, cómica, desviada de lo convencional, incluso en el mundo musulman (como lo sería un "bikini asturiano" o la "minifalda uzbeka") pero en el buen sentido ya que con ello traté romper convencionalismos.
si se me hubiera ocurrido eso lo hubiera incluido como colofón de mi columna, imagina: la darra y la melhfa saharauis, el manto tibetano o... el bikini asturiano... insuperable, de verdad. qué penano haberlo incluido en la columna original.

vicente