viernes, 31 de mayo de 2013

Mientras en los medios de comunicación de masas nos entretienen con falsos debates sobre la cultura, se va destruyendo el viejo tejido urbanístico de Santander. Flaman, me envía esto. Difundid, por favor.

Sardinas, mar y pipas para San Martín
Deberíamos reflexionar sobre la desaparición de San Martín. El único área urbano de Santander que ha resistido la amenaza de reconversión durante años, y que se ha ido dejando en el abandono para anular cualquier relación sentimental con el ciudadano. Se han derribado ya los talleres, los hangares donde se almacenaban piraguas y el edificio de la Cruz Roja. La playa de piedra no existe; ni rastro de La Filomena donde se clavó el bastón de mando de aquel gobernador que el Machichaco llevó por delante. Ahora un pequeño semáforo desvía el camino de los paseantes, miles a diario, que circulan por Gamazo hacia los Peligros y más allá, sin otra dirección que el andar hacia adelante para, quizá, poner descanso a sus pensamientos.

En el autobús municipal, las imágenes de un gran cambio en la ciudad para 2014 se repiten en bucle. Como ovejas adocenadas, los usuarios del TUS pierden la mirada en el reflejo del plasma que les promete un futuro mejor. ¿Cuántos de ellos habrán viajado en velero por la bahía? ¿Cuántos habrán oído hablar del Mundial de Vela o sepan siquiera en qué otras sedes se ha celebrado antes? En un ejemplo más de elitismo político, los gobernantes municipales están absolutamente convencidos de los beneficios que un evento de este tipo tendrá para la ciudad. En primer lugar, la inversión de 6,6 millones cofinanciada por los gobiernos regional y central se presenta como un triunfo y sin pudor. Y se me ocurre que muchos helados habrá que vender en quince días de septiembre para poder recuperar ese dinero de alguna manera. O que quizá esto sólo sea bueno para unos pocos. No me sorprendo; las marquesinas del autobús me recuerdan que en Santander se gasta dinero público para personas que tienen teléfonos inteligentes, que, si tienen coche, sabrán donde aparcar, y si son vagos no tendrán que mirar al cielo para saber si se puede ir a la playa.

Ya que nadie me ha contagiado el entusiasmo por la competición de vela, y ante la constante campaña que recibo en el autobús, consulto la Wikipedia para informarme mejor: El Campeonato Mundial de Vela Olímpica (ISAF Sailing World Championships en idioma inglés) es una competición de vela organizada por la Federación Internacional de Vela (ISAF) que se realiza cada cuatro años desde 2003. Se celebra el año anterior a los Juegos Olímpicos de Verano y en ella se disputan, en una misma sede, los campeonatos del mundo de las clases que serán olímpicas en la siguiente edición de los Juegos. El resto de años, esas clases celebran sus campeonatos del mundo por separado, en diferentes sedes.

Hay un par de webs con muy poco contenido. En una de ellas veo al periodista deportivo Jesús Álvarez, a quien imagino presionando en un consejo de redacción del Telediario para ver si puede abrir la edición del domingo en Santander con una sonrisa de oreja a oreja. Leo que las sedes anteriores fueron Cádiz, Cascais y Perth, mientras me pregunto si el Ayuntamiento destinará alguna partida anual por su pertenencia al Club de las Bahías más Bellas del Mundo, que yo no pagaría porque ya la veo guapa. Sin embargo, me da miedo que la ampliación del CEAR de vela pueda ser otro paso para destrozar este entorno. Tengo pánico a que, con la complicidad silenciosa de los santanderinos, un día, sin darnos cuenta, aquello sea un superpuerto deportivo lleno de gente con dinero, coches caros y grandes yates, y que los que paseábamos por ahí antes de que colocaran una cinta de peligro por amianto, o los pescadores, o los enamorados, se encuentren con castas de nuevos y horteras millonarios emitiendo sonoras carcajadas. Ojalá no.

Ojalá después del Campeonato haya asadores de sardinas a precios populares y podamos sentarnos en bancadas de piedra corrida mirando al mar, comiendo pipas o echando una sidra.

Flaman.

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